Sobre mí

Nací sobre un arenal, frente al mar y; desde aquel día, quedó impreso en mi alma.

El azul se reflejó en mis ojos, mi color preferido.

El primer sonido que escuché, constantemente repetido, fue el rumor de las olas al romperse sobre la orilla, porque aquel era un mar bravo.

La brisa marina entraba en el cuarto, alzando los visillos de la ventana, que se agitaban como dos fantasmas voladores sobre la cuna donde dormía; la suya fue la primera caricia que sentí y el rumor de las olas de la marea viva de esos primeros días de otoño calmaron mis primeros llantos.

Desde entonces, identifico el olor a mar con el olor de la vida y, cuando me oprime el pecho y no puedo respirar: el olor a salitre, que percibo a muchos kilómetros de distancia, me reanima. Cuando, por fin, veo el gran manto de agua y escucho las olas, me tranquilizo: ya estoy en casa, con fuerzas y serena.

Ese mar sin límites ha forjado un carácter independiente, incluso ahora, cuando un carné certifica mi dependencia. He querido siempre saber qué había más allá de ese horizonte que limita el cielo del mar y descubrir qué hay más allá de los confines lejanos.

El movimiento incesante y constante de las olas forjaron un carácter, como ellas, incansable, constante e impetuoso, con mareas vivas.

Publicado por Soledad Marsan

Trabajé con palabras hasta que un accidente me dejó en la cuneta. Me sigue apasionando la la literatura y las lenguas, el arte, la naturaleza y las flores. Escribir, leer o escuchar a autores clásicos en idioma original, caminar y cuidar del jardín ocupan ahora todo mi tiempo.

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